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Dice la Biblia, que hay un tiempo para todo. Tiempo para cosechar y tiempo para sembrar, tiempo para vivir y un tiempo para morir; así sucesivamente, para todo hay un tiempo. Y de la misma manera, cuando vemos nubes oscuras, sabemos que ha de llover; parece que por lo que sucede a mi alrededor, asoma ante ella, una etapa de cambio, de madurez.
Sé, sin embargo, que todo cambio se da con movimientos, y que ello, puede traer alguna inestabilidad. A pesar de ello, avizoro un futuro mejor para mí. Hace poco más de un mes, tenía cerca a mi madre, y tan sólo con saber que podía llamarla, me daba fuerzas. Ahora, que no la tengo y extraño, pienso, que quisiera tenerla cerca. La vida, nos enseña, que aquí en nuestra Tierra, nada es eterno y que todos somos aves de paso. No tengo la tristeza, que muchos pudieran suponer, ni tampoco, aquella que sentí, a mis 19 años, cuando mi padre, se fue a la Casa del Cielo.
Ahora, más bien, cuando he alcanzando algún sosiego en la vida, cuando tengo una mano amiga estrechando la mía; me doy cuenta, en todos los campos de mi vida; que empiezo a reorientarla en el sentido correcto. Van quedando atrás penas y tristezas, y empieza una etapa de responsabilidad. Dejo en el camino, hábitos, y conceptos mentales, que impedían mi despegue. No hablo, de un cambio financiero, ni digo que he entrado en una etapa de bonanza. Lo que quiero decir, es que una nueva visión de la vida, me enseña como actuar, en campos donde siempre cometía los mismos errores. Quiera Dios, que esta etapa, se prolongue, y que ella me enseñe, cómo llegar a ver la Tierra Prometida. Por el momento andaré por la vida en mayor armonía con los demás, meditando, para realizar siempre, lo bueno y mejor. Aprenderé a aceptar las decisiones y no forzaré situaciones.
Creo en la frase dejar hacer, dejar pasar, como medio de arreglar, lo que parece no tiene futuro. Me alegro por lo que sucede y no cuestiono lo que me es imposible cambiar. Ahora dejaré al tiempo hacer lo suyo y no trataré de luchar contra el tiempo. La vida es tan corta, que nuestro esfuerzo, se hace inútil si luchamos contra la marea. Hay que cambiar y luchar con y por lo que está en nuestras manos hacer. Dedicar nuestro mejor esfuerzo en mejorarnos nosotros mismos. Así cambiaremos al mundo, siendo sensibles y dando sin esperar nada a cambio. Que linda es la vida, donde se ve la ayuda, y no la de aquellos, que atesoran, creyendo que algo se van a llevar.
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