AUTOBIOGRAFIA

Mi vida en retrospectiva

CUANDO UNA MADRE SE NOS VA

Publicado el 21 de Septiembre, 2008, 20:37. en General.
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Después de un largo período escribo para contarles que el día 18 de setiembre de 2008, mí madre, Genoveva,  luego de estar 13 días hospitalizada, debido a una neumonía, dejó de existir, en las manos de sus hijos Marcia y Eduardo. Como todo aquel que pierde una madre, no puedo estar ajeno a la tristeza, que ello conlleva. Felizmente en éste corto periodo, en la clínica, permitió que día a día, fuera despidiéndose de su familia más cercana, quienes le acompañábamos tomándole, sus manos, dolidas e hinchadas, por el tratamiento medico. Ella con fuerza inusitada, resistió todos estos días sin mayores quejas. Con tan solo un tercio de un pulmón funcionándole, hizo que su corazón le trabajase con sobreesfuerzo, originándole gases arteriales, y además debilitándola. A pesar de que era ayudada con oxigeno desde el inicio, pasó, de cuidados intensivos a hospitalización; y cuando todos pensábamos que regresaría a casa al octavo día, presentó una arritmia, que impidió su salida y demandó una atención más cuidadosa. En esos días, el medico viendo que nada podía hacer por la recuperación del paciente, aconsejó aliviarla aplicándole calmantes. que recibía en periodos cortos. En un principio, tuve la sensación de estar decidiendo por su vida, sin poder consultarle; pero luego, al saber, que ella nunca sería la misma, y que sólo sobreviría, tan sólo, con auxilio mecánico, comprendí que sería egoísmo, extender su vida unos meses, por el afán de solo tenerla con vida. Sólo así comprendí, lo acertado de las indicaciones médicas, que una autoridad de la clínica Ricardo Palma en Lima, el Dr. Cesar Villarán, había tomado. Cabe expresar, el agradecimiento, en nombre de la familia, por su fina atención y por las facilidades que nos otorgó.

Por otra parte, pude llevarle en esos días, un sacerdote a la clínica quien le impuso los santos óleos y reconfortó su existencia y alma. Desde aquel momento se le notó más tranquila y se preparó, para dejar lo material, con resignación, pero con gran esperanza. A veces creemos que la tía Cachito quien murió el 3 de setiembre último, la llamó pronto a la nueva vida, para estar juntas como siempre lo habían hecho y ahora por siempre en la eternidad. Mamá, fue velada en el velatorio, de la iglesia Nuestra Señora de Fátima; iglesia, donde ella misma nos llevaba de niños en nuestro antiguo barrio miraflorino. Su rostro sereno rodeado de muchas flores reflejaba, que se fue en paz y agradecida, con la vida. Se despidieron ante ella sus hermanos Alipio, Guillermo y Graciela; así como sus hijos Marcia, Eduardo, Pedro y Patricia, también se encontraban, sobrinos, nietos y muchos otros, relacionados en general.

Ayer sábado 20, fue cremada y sus cenizas, dentro de una urna de mármol, enterradas  en el cementerio de Jardines de La Paz, en la Molina. Se fue pues, con 86 años, una mujer ejemplar, un alma limpia y purificada, en sus casi 15 años que permaneció en cama. Ella siempre fue cuidada por sus buenas enfermeras Karen, Flor, Doris, Santa, Susana, y otras;  quienes en diferentes períodos la atendieron con esmero y dedicación. Genoveva Agusta, fue ante todo un alma buena y justa. Una persona que no sabia hablar mal de los demás; y donde, ante todo juicio que emitía, imperaba la prudencia. Una persona que en su vida se dedicó con esmero a hacer el bien, y estuvo dedicada a los suyos y a quien lo necesite. Una persona que a pesar de no concluir mayores estudios, tenia una sabiduría innata, por su corazón noble y experiencia de vida; que le ayudaba siempre, a su buen proceder. Una madre como pocas, que supo ganarse a quienes la rodeaban de su cariño y afecto. A ella mi gratitud y reconocimiento, por todos esos momentos, que le tocó atenderme. En ella, buscaré de ser su émulo; y con ella, con su recuerdo, viviré siempre.


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